Un grano de arena en el océano
una molécula incansable
que busca camuflarse para mantener su estirpe,
que navegando, va buscando sus fronteras,
que sabe del comienzo y del final,
que diminuta, es parte de la inmensidad…
…alguien tomará el espacio que deje,
pero nadie podrá sustituirme
aún así: pequeña, escondida, interna…
Después de publicar, vienen a mi mente reflexiones, estas acompañan mi pequeño, diminuto poema: Cada ser humano es digno protagonista para escribir una historia, una novela...Son tantos los acontecimientos que pasan, duelen, nos desgarran, nos colman, nos dan alegrías. Es tanto lo que se vive interiormente, más que lo que está por fuera de nuestra piel. Lo que el ser capta, atrapa, lo que percibe de las cosas. Lo que para algunos pasa desapercibido o sin relevancia, otros...vivenciamos, vibramos. Cada ser, un universo, cada quien merece tal vez un poema, antes de merecer un homenaje, un requiem... Desvarío por momentos, salto de una idea a otra, como cruzar un lago con un puente imaginario. Lo que si sé, es que somos pequeñas partes de un todo. Cuando nos damos cuenta de lo diminutos que somos, es cuando realmente comenzamos a vivir y nos desprendemos de una gran carga...esa que nos hace creer que somos grandes...


¡Detente!
No intentes obligarme esclava de sórdidos impulsos.
Tiempo: pasaje que transcurre en libertad
en la magia, sin tropiezos, sin medida
en la presencia sutil, en la memoria.
Derrítanse los límites inventados de ocre y castaño
sonidos que golpean el pecho
copian la esencia
de un tic-tac.
Rebelde desdibujo tu paso
declarándome en presente constante
sin mirar atrás y arrepentirme.
Lo que habrá de pasar
transcurrirá
más allá de ti.
Dulce silueta de mujer sonora
Bailadora al compás del arpa, cuatro y maracas.
Mezclando pieles, suaves aromas entretejes
Tus caderas de mulata, como sabanas golpeas al son del tambor
Caliente, mujer ardiente, trabajadora incansable
India de larga cabellera de azabache
al campo riegas con hijos.
Blanca tez, blancos senos madrugadores como orquídeas.
Mujer poeta, bailadora, ordeñadora de ilusiones nuevas.
Cara de luna enamorada.
Tu bandera acaricia soles y riquezas que escondes en tus llanuras
Envuelve el ancho mar Caribe, celeste infinito en medio del camino que enarbolas
Rojo, pasión, sangre que has derramado en la distancia,
que aún derraman esos tus hijos.
Mujer que atropellada te levantas cual sirena, brillas con tus siete estrellas.
Piel de madre natura, canto de aves, viento de montaña impetuosa
Curvas, cuerpo contorneado del verde infinito de mi esperanza.
Dulzura que tus manos arrullan flores, cordeles de oro y de sabana.
Lloras tus hijos, lloras tu sangre, lloras, lloras…
Rosa salvaje, pájaro herido.
Esplendorosa anuncias la mañana, con tus pies cansados te levantas
olor a leña , miel, joven morena, dulce peregrina con aires de europea.
Hermosa dama, tu nombre:
Venezuela.









































